Estival



La ventana estaba entreabierta y el aire de las 20:00 horas se colaba tímidamente. Apenas era una leve brisa. Cálida, agradable, pero a su vez fresca, renovando el aire de la habitación.

Ella estaba en la cama terminando de leer las últimas páginas del capítulo. Uno de esos tochos que llevan esperando tiempo en la estantería, pero nunca se tiene el tiempo que merecen. Ahora, por fin podía.
A las 5 líneas, él apareció y se tumbó en el suelo, con idea de poder estirar un poco la espalda. Tantas horas trabajando desde casa eran algo más cómodas, pero no tanto como para no acabar el día con cierta tensión lumbar.
No se dijeron nada. No hacía falta. Tantos días juntos hacían que los silencios no fuesen incómodos y, casi, casi, que hasta se apreciasen.


Cuando apenas le quedaban ya dos párrafos, se levantó de la cama y se sentó a horcajadas sobre él. Apoyó el libro sobre su pecho y siguió inmersa en su tarea, sin prestar atención al leve ruido que soltó el esternón, como quejándose por el peso de tanta vanidad ardiendo en las hogueras.
Ella seguía absorta en su lectura y no se detuvo a fijarse en cómo él la miraba. Cuando llegó al punto final del capítulo, cerró el libro y comenzó a tomarlo en cuenta...
...Comenzó a fijarse en las líneas curvas que formaban el perfil de sus hombros, en lo anguloso de su barbilla y en esa barba algo desarreglada que había ido cultivando estos días. Estaba guapo, siempre lo estaba, pero era más patente cuando su rostro estaba relajado. Ahora lo tenía, aun a pesar de que le rondaban la mente un par de emails que debía mandar antes de que terminase el día. No obstante, se lo permitió o se sintió algo embrujado-emburbujado por la situación y cerró los ojos. Su nariz se movía levemente con cada inspiración y espiración. Sus labios quedaban entreabiertos, como a punto de decir algo o de recibir un beso (sabía que eran uno de sus puntos fuertes y le gustaba explotarlos para conseguir de ella lo que quería).


Sin embargo, ella...
... Con las manos apoyadas en su pecho desnudo, notaba la respiración tranquila de él y pensaba.
Pensaba en todas las capas que se ponen los seres humanos, capas, a veces, cargadas de vanidad: la ropa, los adornos, las caretas y fachadas que nos hacen diferentes en diferentes entornos. Y así todos los días. Día tras día.

Y en ese aquí y ahora, donde solo estaban ellos, el suelo, un libro y el tacto de las dos pieles comprimiéndose (pieles entre las que no pasaba nada, más allá de esa ligera brisa que se hacía notar de vez en cuando), estaban desprovistos de todo, sintiendo que no faltaba nada.
Todo era suave como sus pieles y rugoso a la vez, provocado por esos "pelos de punta" que se ponían en sus brazos por el roce. Todo era compresión por el peso de su cuerpo sobre él y levedad a la vez. Todo era frío suelo y calor de primeros de mayo.

Era primavera y, sin embargo, se sintió más verano que nunca.



Comentarios

  1. Bonito, bonito, bonito, pero aún más bonito que lo escriban para ti.
    Qué pasión, sensualidad en cada letra, línea, párrafo o renglón.
    Me ha gustado muchísimo.
    💞😘

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