819 palabras
Palabras para ti:
Lo prometido, siempre fue deuda y le debía a mi año, 818 palabras para
completarlo, igual que él me dio sus días, con todas sus oportunidades. Aunque
ya, puestos a dar, le daré una más y llegaremos a 2019 palabras en total. 2019,
como el año que empieza a despertar.
Mi vuelta a la rutina, no fue tan horrorosa como la famosa “vuelta al
cole”. Septiembre, además de nuevo puesto de trabajo, trajo playa y muchas
cosas. Trajo boda-bautizo y trajes hippies. Banda sonora de la misión. Máquina
para hacer arroz. Bailes, copas y algún que otro comentario de que parecías un
poco rancia, pero no. Trajo San Mateo. Nervios, ilusiones y calimochos.
También almuerzo. Chupinazo con las de siempre y la foto de siempre. No, ese no
es el orden, ¡tú vas ahí! Sonríe, que estamos todas. Trajo copas en familia,
aunque las suelas de los zapatos se peguen a las baldosas de la plaza y, de vez
en cuando, nos mires mal.
A caballo con octubre, Sicilia. Nuestras segundas vacaciones.
Misteriosamente, no perdemos ningún avión. Terrazas en Palermo. Pizzas en
Siracusa. Vídeos felicitando los cumpleaños de los que se habían quedado en
casa. El de Alba, desde el balcón de Catania. Enfocando al culo del elefante
negro. El elefante de la suerte. El de Violeta, a resguardo en un portal,
mientras corrían ríos de tinta. No, ríos de agua, en pleno diluvio isleño.
Bodegas y mariposas, la Necrópolis, anfiteatros y reconstrucciones. Nuevo sabor
de helado favorito. Pistacho. Comer canolli(s). Sentirse James Gandolfini.
Maravilloso Etna, Life on Mars y toda la gravilla. Subir hasta la cima y mi
paquete de pañuelos. El resfriado. El teleférico. Me caigo, como no. ¿Quién es
más patoso de los dos? Piano en la calle. Vivan los vinos naturales. Vuelo y
vuelvo. No te acomodes, que nos vamos a Valencia. A beber agua, por supuesto.
Agua de Valencia. Tarde de noticias: pues me voy a independizar, pues estoy
mirándome un piso y me meto en hipoteca, pues yo me voy a Londres. ¿¡Qué, tía!?
A ver, que no era un concurso a ver quién hacía algo más grande... No queremos
que te vayas. Chantaje emocional. Zonas VIP y risas, como siempre. Lo segundo,
por supuesto, no lo VIP. Piso compartido. Manías que salen a la luz. Pequeños
detalles por los que quererse aún más. Medusas, pingüinos, delfines.
Oceanográfico y paella. También soy metálico, en el jardín botánico. Día en
familia. Arnedo y el Pinetum. Pies descalzos, aunque me resfríe, reencuentro
con Canillas y cocido. El palacete que me dio guardianes entre centenos y
amigos que todavía están.
El mes de la mudanza, comenzó con un look a lo Peaky Blinders y una comida
de todos los santos. Los que estamos aquí y nos seguimos aguantando. Santos
todos. Un mes de adaptación, de crecimiento, de experiencias y ajustes.
Conversaciones eternas, de abrirse en canal, de apostar y redescubrirse. Un mes
de catas de bonito y planes familiares. Oxuel y jugar a ser enóloga. Patatas
con chorizo y lumbre.
El último mes del año, como siempre, fuerte, poderoso, ruidoso.
Acompañados. Un pequeño pueblo en Cameros, nos da la vida. La vida desde que la
recuerdo. Desde no ver más que las gorras a los niños en una habitación con
vigas de madera, hasta dormir en un colchón hinchable. Desde ser la pequeña,
hasta liderar travesías entre los árboles, saliéndonos del camino. Mus por la
noche. Hojas secas. Acebo. Hacer crecer la familia. Hablar en serio. Reírse
más. Quincy Jones. Vinilo y salón. Asociación de Síndrome de Down. Do Re Mi Fa
Sol Ar Si DO. Gratitud-plenitud. El susto de mi vida, siendo
Blancanieves. Nochebuena diferente, soy Arguiñano y Cristóbal Colón. Tú,
Loquillo. Día invisible, de amigas. De amigas invisibles. No donde siempre,
pero sí las de siempre. Casi escapamos, pero no. Es difícil escapar de las
“cosas nazis”. Díselo a Peter Griffin. La misma maravillosa sensación de
siempre. Grandes veladas y amigas con los brazos cortos. Pero las sonrisas
amplias, eso es lo importante. Día 365, ajetreado. Noche 365, especial. Rápida.
Whatsapps, calimochos, placeres de últimos momentos de año. Un museo familiar,
líneas del tiempo y robos de fotos. Cena exquisita, hecha con el amor más
grande, por la tía más pequeña. Una amiga que se raja. La dama y el vagabundo
antes de dormir. Instaurar nuevas tradiciones y un “tú duerme en la habitación
de la entrada, por si entra alguien”.
El primer día del año, diferente. Primas mayores. Gracias por quedarte, qué
haría sin ti. Te vas hoy y qué voy a hacer sin ti. Menos mal que te traerán los
reyes como regalo mágico. Chocolate y churros. Bingo y partida especial.
Tendré que invitarte. Planeo mi viaje a Santander y escribo hoy, a sabiendas de que voy tarde.
2018, gracias por todo.
De nada sirve tanta inútil queja, tanta tentación/lamentación
improcedente. Solo piensa, una resurrección, ninguna muerte.
Allá que voy…





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