Los árabes y el oasis
Había sido un día muy largo.
Uno de esos en los que hay algo que hacer a cada minuto y solo quieres llegar a casa y tirarte a la cama.
Las horas pasaron lentas y sin compañía. Sentía lástima de no poder pasar más tiempo juntos. Al principio, un par de días eran suficientes, sin embargo ahora... A pesar de lo independiente que él era, no sabía lo que le había hecho. Cuando no estaba con ella, echaba de menos su alegría, el calor de sus manos y ese carácter un poco complicado que le daba tanta personalidad como mujer.
Pero, por la noche en la cama, todo ese carácter peculiar, desaparecía. Se quedaba al natural, sencilla, que no pobre.
Una vez ahí, casi desmayada, acurrucada junto a él, con la cabeza apoyada en ese huequito que queda ente el cuello y la clavícula, en el rincón favorito de su cuerpo, se lo pidió.
- Cuéntame un cuento.
- No sé, estoy muy cansado. Hemos hecho tantas cosas hoy...- medio masculló él, ya con los ojos cerrados.
- ¡Venga, uno cortito!
Hubo dos segundos de pausa. Largos para ella. Eternos para él. ¿Qué le iba a decir? Siempre le tocaban las peticiones difíciles.
Uno.
Dos.
"Había una vez, unos árabes que iban caminando por el desierto. Ataviados como los típicos árabes, todos vestidos de blanco y con ese sombrero hecho con tela que no sé cómo se llama. Eran comerciantes, creo que no lo había dicho y llevaban todo el día trabajando. Casi, casi, como nosotros hoy.
Hacía muchísimo calor, ¡imagínate! y claro, estaban agotados. Regresaban a casa, después de su jornada, para ver a sus familias, cuando a uno, de lejos, le pareció ver un oasis..."
De repente, solo se oyó un silencio y ella, se lo temió.
-Te has dormido.
- Mmm, no... - luchaba él.
- Estás hecho todo un coplero. Tienes mucho cuento...
- Te prometo que tendré uno por cada noche que pase contigo.



Comentarios
Publicar un comentario