Frágil
Espero que lo uses. Lo muevas, lo bailes, lo mimes y, de vez en cuando, le des un capricho.
Espero que acabe con tiritas, con algún que otro moratón pero que, llegados a la última curva, sonría recordando las experiencias vividas.
Espero que le des tregua, lo dejes descansar, le escuches y te guíes por él, a sabiendas de que no siempre tiene razón.
Espero que se rompa en uno o en mil pedazos, como tú veas, pero tengas la fortaleza y autonomía para volverlo a unir. Unirlo, pero con libertad. En el momento en que te sientas capaz.
Como te decía, úsalo, pero con responsabilidad; pues todo lo que se usa, se puede romper.
Aplíquese también al corazón.
Pero, si yo no vive aquí a sentir... sinceramente, no sé a qué vine.



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